En Kuala Kangsar sólo pasamos una noche. Una ciudad tranquila que alberga bonitas mezquitas y el palacio del sultán.
Solo estuvimos por la tarde y no pudimos visitar mucho, pero tuvimos la oportunidad de contemplar un hermoso atardecer con una mezquita de fondo, que parecía salida del cuento de Aladín, mientras sonaba la llamada a la oración. Un momento mágico que compartimos en silencio y que nunca olvidaremos.
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