Bangkok es, desde el momento de la llegada, una cuidad que impacta al visitante. Su moderno aeropuerto, sus autopistas de mil carriles, sus trenes voladores y sus rascacielos conviven con zonas verdes, barrios de casas construidas de madera y mercadillos tradicionales donde se puede comprar todo lo imaginable.
Inevitablemente, al llegar cometemos el error de comparar todo con India (nuestra unica experiencia asiatica) pero pronto comprendemos que esta realidad es muy diferente.
El colorido estridente de las luces, los tuk-tuks y los carteles se mezclan con el gris de la polucion, que ensucia sus edificios en una especie de extranio equilibrio cromatico. Los edificios modernos y las estupas luchan en una carrera pacifica por conquistar el cielo, casi siempre azul salvo cuando se avecina una tormenta que parece sacada del mismisimo libro del apocalipsis, pero pasadas tan solo un par de horas el azul vuelve a tomar posecion del cielo , las rafagas de viento dan lugar a la calma y el bochorno destierra a la frescura.
Los tailandeses son amables, simpaticos y muy educados. Todo trato con ellos es siempre placentero. Siempre tienen una sonrisa para regalarte, tanto cuando te los cruzas por la calle como cuando les haces una compra. Y el regateo se convierte en un juego donde el principal objetivo no es la compra-venta sino la interrelacion de las personas.
Toda la vida se desarrolla en la calle, desde el momento de la comida en los puestos callejeros, donde comes un phad thai por 20 bats hasta puestos de ropa, masajes... Todo rodeado por improvisados jardines de macetas cuidados con esmero por vecinos anonimos.
Estamos alojados a solo cinco minutos de la locura de Khao San y la vida es totalmente diferente. Calles y callejuelas con casas tradicionales de madera, wats que aparecen de repente, los puestos de comidas que nunca faltan, sus perros, y sobretodo mucha tranquilidad. Da gusto pasear por nuestro barrio!!
Definitivamente nos gusta Bangkok. Nos gusta tanto que a pesar de nuestro proximo destino idilico (parque natural de Ko Tarutao), nos cuesta marcharnos.
Adios Bangkok!! Volveremos!
Inevitablemente, al llegar cometemos el error de comparar todo con India (nuestra unica experiencia asiatica) pero pronto comprendemos que esta realidad es muy diferente.
El colorido estridente de las luces, los tuk-tuks y los carteles se mezclan con el gris de la polucion, que ensucia sus edificios en una especie de extranio equilibrio cromatico. Los edificios modernos y las estupas luchan en una carrera pacifica por conquistar el cielo, casi siempre azul salvo cuando se avecina una tormenta que parece sacada del mismisimo libro del apocalipsis, pero pasadas tan solo un par de horas el azul vuelve a tomar posecion del cielo , las rafagas de viento dan lugar a la calma y el bochorno destierra a la frescura.
Los tailandeses son amables, simpaticos y muy educados. Todo trato con ellos es siempre placentero. Siempre tienen una sonrisa para regalarte, tanto cuando te los cruzas por la calle como cuando les haces una compra. Y el regateo se convierte en un juego donde el principal objetivo no es la compra-venta sino la interrelacion de las personas.
Toda la vida se desarrolla en la calle, desde el momento de la comida en los puestos callejeros, donde comes un phad thai por 20 bats hasta puestos de ropa, masajes... Todo rodeado por improvisados jardines de macetas cuidados con esmero por vecinos anonimos.
Estamos alojados a solo cinco minutos de la locura de Khao San y la vida es totalmente diferente. Calles y callejuelas con casas tradicionales de madera, wats que aparecen de repente, los puestos de comidas que nunca faltan, sus perros, y sobretodo mucha tranquilidad. Da gusto pasear por nuestro barrio!!
Definitivamente nos gusta Bangkok. Nos gusta tanto que a pesar de nuestro proximo destino idilico (parque natural de Ko Tarutao), nos cuesta marcharnos.
Adios Bangkok!! Volveremos!