Despues de leer atentamente la Lonely Planet, veniamos ha Ha Noi asustados, pensando que seriamos timados, robados y luego apalizados por vietnamitas de esos que salen en las peliculas americanas. Logicamente, nada de esto paso. La verdad es que todo fue sobre ruedas, y la gente aqui es muy amable y simpatica.
Lo primero que nos hizo alucinar fue el numero de motos que llenan las calles, tanto en la calzada pitando, como aparcadas en las aceras, lo cual obliga al peaton a andar por un lado de la calzada, sorteando el trafico o bien por la acera, sortenado las motos aparcadas, asi como las mini mesas y minisillas de los numerosos puestos de comidas. Sin embargo, y aunque parezca imposible, el hecho de cruzar es relativamente sencillo. Cuando quieres cruzar cruzas, y ya esta. Avanzas lentamente pero con paso decidido y ellos te van esquivando.
Lo primero que nos hizo alucinar fue el numero de motos que llenan las calles, tanto en la calzada pitando, como aparcadas en las aceras, lo cual obliga al peaton a andar por un lado de la calzada, sorteando el trafico o bien por la acera, sortenado las motos aparcadas, asi como las mini mesas y minisillas de los numerosos puestos de comidas. Sin embargo, y aunque parezca imposible, el hecho de cruzar es relativamente sencillo. Cuando quieres cruzar cruzas, y ya esta. Avanzas lentamente pero con paso decidido y ellos te van esquivando.
Aqui en el barrio viejo, donde nos hemos alojado, cada calle esta dedicada al comercio de un tipo de producto. La calle de las jugueterias, la de las pinturerias, la de los espumillones y farolillos chinos... Los productos de cada locas son extendidos hasta el exterior, ocupando parte de la acera y sumandose asi al numero de obstaculos que el peaton debe sortear.
Todo esto convierte un paseo por la ciudad en una actividad interesante y divertida, aunque sinceramente es agotador, y pese a que nos gusta Hanoi, yo (Marti) estoy deseando llegar a Sapa.