






Luang Prabaangg!!! Un viaje de... no se, ocho mil horas??!! Carretera de montaña, a 30 km. por hora en un cacharro, sin aire acondicionado y con la música a todo volumen... en fin! Por otro lado la lentitud nos permitió disfrutar del paisaje, guapísimo.
Luang Prabang es una ciudad del norte de Laos, rodeada de dos ríos y es un lugar perfecto para pasar unos días.
El guest house tenía una terraza que daba al río, perfecta para colgar la hamaca y hacer chill out.
El primer día fuimos a pasar el día a unas cascadas y pozas muy chulas, donde te podías bañar.
Al día siguiente decidimos pegarnos el madrugón para ir a ver el momento de las ofrendas a los monjes, lo que pensábamos que iba a ser un momentazo. Así que nos levantamos a las 5 de la mañana y allá que fuimos. Luego resultó ser una truchada! Pues había cuatro gatos para dar las ofrendas... igual es que pillamos mal día, porque aquella escena no se parecía en nada a las de las postales que vendían. La cosa es que los monjes de todos los templos (y hay unos cuantos) salen en procesión y la gente sale con sus cestos de arroz o lo que les quieran dar y se lo van echando en sus cubos. Mucho monje para tan poco arroz la verdad. Igual es por eso que están tan flacos.
Tras el madrugón nos esperaba un día intenso, pues era nuestro día de elefantes!!
Por la mañana fuimos a conocerlas, dos elefantas de 20 y 25 años. Nos subimos y nos fuimos de excursión por la jungla, os imaginareis lo que fue esto para un grupo de fóbicos para los que un paseo por el pueblo es poco menos que una película de acción!!
No obstante lo mejor vino por la tarde, cuando llegó la hora del baño de los elefantes. Nos montamos a pelo encima de semejante animal. En uno iban Pau, Andreas y Juan, y en otro Nu y Marta. Menudos pelos que tienen, por cierto!! Empezó el descenso hacia el Mekong, que no estuvo exento de gritos, pues parece que vas a salir disparado. Y empezabas a preguntarte como iba a ser la cosa. Ya que en las fotos que habíamos visto se veía al elefante a medio meter en el agua y el guiri de turno hay al lado. En esas estábamos cuando nos vimos en la orilla y el guía nos indicaba que era el momento de dejar lo que quisieramos en la orilla. Pero cómo?? Qué vamos directos al agua encima del elefante o qué??!! Pero si el agua da miedo!! Y si si, allá que fuimos. El elefante nos tiró, nos revoleó, nos tiró agua con la trompa, nos zarandeó y nos volvió a tirar... con toda está actividad desenfrenada tragamos agua del Mekong para aburrir. Luego nos invitaron a unos chupitos de licor de arroz tan fuertes que debio màtar los miles de bacterias que ingerimos. Resulta que entre juego y juego los elefantes pues... iban cagando y las mierdas flotaban a nuestro alrededor, geenial!! jaja!!
Que experiencia mas buena, que divertida... y que bieen!! Es una lástima que no tengamos fotos del rato de dentro del agua.
Luang Prabang está completamente rodeado de jungla, que es un sitio en el que hay muchos bichos. Y por alguna razón todos son de unas dimensiones que parecen causadas por algo radiactivo. Así los gueckos son de unos 20 cm., los gusanos de 15 cm de largo por 2 de ancho y no me olvido de uno de los peores bicho que hemos descubierto en este viaje... la mosca gigante!! Una mosca de 10 cm de largo y un grosor... aaaggh!! Que ser!!! Habíamos visto alguna durante algunas noches. Una de estas, Martis se disponía a sacar algo de la mochila cuando un bicharraco enorme salió disparado chocándose contra sus piernas y estampándose posteriormente contra la pared. Lógicamente Marta sale disparada pegando gritos y pidiendo ayuda al resto de fóbicos que se relajaban en el chill out de la terraza, pensando que era una cucaracha voladora. Juan entra muy decidido, la busca entre la pared y la cama y pega un salto con cara de horror gritando: dioooos es la mooosca giganteeee!! aaaahhgggg!!! A ver como sacas eso de ahi... y obvio que había que sacarla!! Nervios, tensión... hay que actuar con rapidez. Gracias a Nuria, encontramos la forma, pues Juan ya iba todo directo a pegarle un chancletazo!! Imaginaros cargarte ese bicho a chancletazos! La táctica fue: tapar, martillear, arrastrar!! Conseguimos sacar el cadaver al patio, para alegría y festín de las hormigas, que no tardaron ni un minuto en hacerse con cuerpo.
Jodeer que bicho más feo!!
Pese a todo, estuvimos casi una semana disfrutando de la ciudad, de su mercadillo nocturno, con los puestos de comida, donde por 10.000 pelotes podias comer lo que quisieras. Como siempre, muy buenos momentos e inolvidables recuerdos!!
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